Andrea García Beltrán - Ciberseguridad Organizacional

Cuando el dolor se siente como un ciberataque: lecciones de resiliencia

Nunca pensé que un curso sobre manejo del dolor me hiciera pensar en ciberseguridad. Sin embargo, eso fue lo que me ocurrió tras una lesión en la columna vertebral. La recuperación me obligó a pausar mi rutina, subir de peso, reflexionar y reaprender. En ese proceso descubrí algo inesperado: los patrones que estudiaba para entender mi dolor resultaban sorprendentemente similares a los desafíos que enfrentamos en ciberseguridad. La sobrecarga de señales en el sistema nervioso recuerda a un ataque de denegación de servicio (DoS): un “ruido” que interrumpe el funcionamiento norma

El dolor no es solo un mensaje de daño físico. Según la ciencia, el dolor es “una experiencia sensitiva y emocional desagradable asociada a una lesión real o potencial”. Es decir, el dolor siempre tiene un componente cognitivo y afectivo. Nuestro cerebro interpreta las señales nociceptivas según el contexto, las emociones y la memoria. Como explica una experta en fisioterapia, “no es lo mismo tener dolor en un entorno seguro que en uno amenazante”. Así, un evento doloroso puede amplificarse con el miedo o la ansiedad, y persistir incluso cuando la lesión ya sanó. En neurología esto se llama sensibilización central: el sistema nervioso se vuelve hipersensible, de modo que estímulos que antes no dolían, ahora lo hacen; incluso puede existir dolor sin lesión activa.

En otras palabras, nuestro cuerpo tiene su propio “fuego fantasma” que seguimos atendiendo aunque el peligro real haya pasado.

Esta dinámica es casi un espejo de la falsa alarma en ciberseguridad. Si el sistema nervioso genera ruido, los equipos de seguridad reciben miles de alertas. La saturación de alarmas causa fatiga: los analistas empiezan a ignorar señales por el exceso de notificaciones.

En un estudio de IBM se explica que la exposición continua a “alertas repetitivas y no urgentes” puede dejar al cerebro en modo reactivo y sintonizarlo para ignorarlas. Ese efecto –la llamada fatiga de alertas– puede ser mortal en un hospital y desastroso en un centro de operaciones de seguridad (SOC).

Los datos confirman que un SOC recibe miles o decenas de miles de alertas al día; abrumados, los equipos tardan en responder y aumentan las vulnerabilidades. Peor aún, los atacantes ya explotan esta fatiga lanzando oleadas de eventos falsos para distraer y ocultar las verdaderas amenazas, una táctica conocida como “alert storming”

La lección clave de ambas situaciones –en salud y en seguridad– es que el problema no es solo detectar alertas, sino cómo interpretarlas. Un sistema (biológico o digital) que no distingue entre señales importantes y ruido acabará colapsando. No podemos simplemente ignorar las alarmas; más vale invertir en diseñar una resiliencia inteligente. En tecnología se llama “Resilience by Design”: crear defensas integradas desde el origen. Expertos como CrowdStrike señalan que la resiliencia debe ser un pilar fundamental de la organización, reforzando cada aspecto de cómo se construyen y operan sus sistemas.

En ciberseguridad eso implica ajustar umbrales de alerta, reducir el ruido y afinar la interpretación de amenazas. En el cuerpo significa aprender a regularnos: descansar, practicar el manejo del estrés y fortalecer nuestro “firewall” natural (por ejemplo, con ejercicio y endorfinas).

 

Como sintetiza un reciente artículo sobre seguridad: “Ya no basta con reaccionar. Necesitamos ser resilientes”. La verdadera resiliencia es adaptativa: no consiste en evitar todo incidente, sino en responder con inteligencia, mantener lo esencial y aprender de la experiencia. Mi propia recuperación lo confirmó: el dolor, al igual que una amenaza cibernética, siempre trae un mensaje. Interpretar bien esas señales –en nuestro cuerpo o en la red– es más eficaz que reaccionar sin estrategia. Como líderes de ciberseguridad debemos escuchar tanto a nuestra infraestructura digital como a nuestros propios cuerpos: solo así diseñaremos defensas fuertes, en lugar de apagar incendios una y otra vez.

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